Las Tetas de tu Novia

Este relato pertenece al mundo de ficción Héroes di Palo.

Ramón y Sofía habían entrado a la taberna “El Viejo Capataz”, probablemente la más vieja y conocida en toda la ciudad de Tolnedra. También era dónde se reunían todas las viejas glorias, como un vórtice espacio-temporal para los ancianos que habían vivido mejores tiempos.

Toskar, el tabernero más veterano, pese a su corta edad, les atendió rápidamente.

– ¿Me pones unas pintas y unos bocatas de calamares? – dijo Ramón, apartando con el pie unas cabezas de gambas que habían repartidas por el suelo.

– Perdona, no te estaba escuchando. ¿Qué has dicho?

– Que me pongas unas cañas… ¡He! ¿Me estás escuchando? – le reclamó al ver que el tabernero estaba con la mirada perdida en dirección a su novia – Pero… ¡Deja de mirarle las tetas a mi novia! ¡Y en mi puta cara!

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Autora: Sarahconhache

La chica, al oír a su novio, se dio cuenta de la situación y se protegió los pechos con los brazos, rompiendo la hipnosis de Toskar.

– ¿Qué? Perdona ¿Qué decías?

– Que descaro, por favor – añadió Sofía – . Amnos[1] de aquí.

– Que le estás mirando las tetas a mi novia.

– Eh… si claro – contestó Toskar – . Es que tiene unas tetas muy bonitas. Y además del tamaño perfecto. No debe usted disfrutar ni nada apretándolas y mordiéndolas…

– ¡Te voy a partir la cara como sigas así!

– ¡He! Aquí nadie va a partirle la cara a nadie. ¿Qué está pasando? – se entrometió un parroquiano al oír algo de follón.

– El sinvergüenza este, que le está mirando las tetas a mi novia – todo el mundo dejó sus conversaciones, siestas de borracho o partidas de cartas, especialmente al oír la palabra “tetas”.

– Es que mira que tetas tiene, joder – dijo Toskar –. Son impresionantes, una obra de arte.

– Ostia, si que es cierto. Buenos cantaros para servir leche.

– Pero bueno ¿Pero esto qué es? – exclamó el novio indignado.

Amnos de aquí, Ramón, que esta gente es muy rara.

– He, venir todos a mirar que tetas – dijo el parroquiano.

La gente empezó a arremolinarse entorno a la pareja a intentar verle las tetas a la moza, mientras ella se las tapaba como podía.

– Joder que domingas – exclamaba uno.

– Menudo par de aldabas – decía otro.

– ¿Puedo tocarlas? – dijo Toskar – . Ha sido una semana muy dura, curro sin parar, sin propinas… Estoy depre, señorita. Déjeme al menos que las toque un poco, para alegrarme el día.

– Pero estáis todos locos por aquí o qué. No pienso dejar que le toques las tetas a mi novia.

– Perdone pero estoy hablando con la moza, que para eso son sus tetas. No pido tanto, va… – añadió dirigiéndose a ella en un tono mucho más amable – . Para alegrarme la semana nada más, que estoy reventado de tanto dar el callo.

– Bueno, si solo es tocar… – dijo ella –. Es cierto que se le ve cansado al pobre chaval. No creo que pase nada por darle al tabernero un poco de apoyo moral. Además, nos ha atendido bien y es más barato que una propina.

– ¡Pero que atendido ni atendido, si ni siquiera nos ha traído las pintas aún!

– Las traigo en un `plis´ – y a los pocos segundos ya había vuelto con dos pintas de cerveza con espuma perfecta – ¿Qué? ¿No ha sido esto un buen servicio? Venga, yo creo que me merezco poder disfrutar un poco ¿no? Mire el agujero en el que tengo que currar para mal pagar facturas. Mire que caras tengo que ver a diario…– le dijo a Sofía.

– ¡Las tocaras si yo te dejo! – protestó el novio.

– Que pesao eres, copón. ¿Qué son tuyas a caso o qué? Esto es entre la moza y yo, así que tú no te metas.

– En eso tiene razón Ramón. Son mías y yo decido quien me las toca.

– Pero no iras a hacerle caso al degenerado este.

– No me gusta esa actitud posesiva que tienes – le respondió ella subiendo el tono.

– No pienso consentir que te dejes manosear por un puto tabernero.

– ¡Vamos a ver! ¡Me manoseará quien a mi me dé la gana! – replicó ella – Ya sea tabernero, dependiente o escriba.

– Así se habla señorita – apoyó Toskar.

– ¿Pero estás loca o qué? ¿De verdad vas a dejar que te toque las tetas cualquiera?

– ¡Las tetas me las tocará quien a mi me salga del coño! ¡Y si no te gusta te buscas a otra!

Y poniéndose erguida se encaró al populacho.

– ¡Contemplad! – exclamó exponiendo sus pechos.

La majestuosidad de aquellas curvilíneas y exuberantes formas inundaron el local con su excelencia. Su turgencia era tal que negaban por siempre jamás su sumisión a la ley de la gravedad. Tales perfectas sinfonías de curvas hallábanse coronadas por sendas astas de morena carne en bizarra pose, desafiantes y pendencieras como si de un Emperador se tratase, maravillando a todos ante su esplendor radiante y poderoso.

– Tócalas tabernero ¡Tócalas cuanto quieras! Pues mías son y mío es el derecho de decidir a quién satisfacen.

– Hay que joderse, macho… – se quejó Ramón incrédulo.

….

Joven, recuerda que las tetas de tu novia no te pertenecen. Aunque te haya dado permiso y exclusividad, en realidad no son tuyas; respétalas.

Las tetas de tu novia son un patrimonio de la humanidad, y por lo tanto tienes el deber cívico y humano de aceptar que tu novia las comparta con todo aquel que las necesite.

No seas egoísta y comparte las tetas de tu novia; así es como Jesús lo hubiera querido.

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Autora: Sarahconhache

 

 

[1] “Vámonos”, en jerga Tolnedrana

Relato de Javier C.H.

Dibujos de Saraconhache (todo el crédito por ellos le pertenecen a ella)

Registrado en Safe Creative

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