(Inspirado en hechos reales)
En la biblioteca siempre está ese hombre, barriendo lentamente, sin prisa. Parece usar la escoba como un soporte y no como herramienta. Me hace gracia su parsimonia y cómo su mirada está siempre distante, pensando en sus cosas. Lo más llamativo es su constante murmullo. En una biblioteca, donde impera el silencio, es un runrún de fondo. En realidad, si estás un poco lejos no se nota, pero como suele andar cerca de mi sitio favorito, lo tengo todo el rato ahí, como un mosquito cuando vas a dormir.
Subo el volumen de los auriculares para no oírlo y seguir con lo mío.
Cuando me los quito para irme, ahí sigue, barriendo y murmurando. Sin parar. Debe de tener alguna condición. Pero su farfulleo constante me distrae. ¿Hablará consigo mismo? ¿Será un soliloquio ininterrumpido o estará hablando con alguien que solo ve él? ¿Qué dirá?
***
Hoy lo tengo más cerca de lo habitual. Está barriendo el suelo con su tranquilidad característica, una actividad que parece hacer por hacer, pero sin importarle en absoluto. No lo culpo: todos los días limpiando lo mismo, una y otra vez, es para acabar cazando moscas. Supongo que estará aquí esperando la jubilación y cobrar su pensión.
Al quitarme los auriculares, puedo oírlo. Por curiosidad, intento entender lo que dice. No entiendo un pito, ni una sola palabra. ¿Está murmurando en otro idioma? Tampoco puedo identificar cuál. Parece árabe. ¿Algo del Este quizá?
Se aleja y no consigo escucharlo bien.
***
Se ha convertido en mi reto personal: quiero saber en qué idioma habla. Parece español, pero quién sabe. Podría ser marroquí por su piel oscura. La sangre española está tan mezclada que es difícil asegurar nada. Podría tener antepasados de cualquier lugar.
En todo el día no ha pasado cerca de mí, y no he podido escucharlo.
***
Hoy no se me escapa.
Finjo buscar un libro en una estantería y presto atención a su letanía. Pero ¿qué puñetas dice? ¡No entiendo nada! No es algo que haya oído antes o que pueda identificar. ¿Quizá sea un dialecto de vete tú a saber dónde? Desde luego, no es ni catalán ni euskera ni nada parecido.
***
Tengo un plan: siempre está distraído, nunca mira a nadie ni presta atención a nada, perdido en su suelo y verborrea. Me coloco tras él, fingiendo que busco un libro, pero lo grabo con el móvil.
En la mesa, busco el audio en ChatGPT. Vaya por Dios: la aplicación tampoco identifica el idioma.
Empiezo a pensar que este hombre está peor de lo que creía y, seguramente, murmura sonidos sin sentido.
Lo dejo por imposible. Este señor tiene sus problemas, y yo otro más gordo: la curiosidad. Mejor, lo olvido.
***
Han pasado varios días y el limpiador sigue por aquí, con su habitual murmullo. No para ni un minuto. Pero me he prometido no intentar averiguar qué puñetas dice.
No lo voy a hacer; paso.
***
Hoy me he dado cuenta de una cosa. Al sentarme, mientras el móvil se conectaba al wifi de la biblioteca, la cháchara del limpiador estaba ahí como todos los días. Pero me he acostumbrado a ella y he detectado un patrón. No es simple rumiar: repite la misma serie de frases. Cuando la gente habla sola, pues eso, habla; suelta un rollo. Pero este hombre está en bucle una y otra vez. ¿Estará rezando? ¿Cantará alguna canción de su tierra? ¿O será la clase de persona que repite las mismas frases a lo Rain Man?
Pero no quiero saber nada del tema. Me niego.
***
Vuelvo a fingir que busco algo en las estanterías para ponerme lo suficiente y grabarlo otra vez.
Estoy en ello cuando el hombre se gira de golpe. Me mira fijamente. Tiene unos ojos pequeños, hundidos, pero su mirada los hace resaltar como soles en un universo oscuro. Dura un instante, pero parecía una eternidad. Durante ese fragmento de tiempo he sentido como si viera la eternidad en sus ojos. Una mirada consciente de mí, pero al mismo tiempo muy lejos de mi presencia. Y, en todo ese instante, no deja de balbucear sus frases, como si yo no estuviera.
Solo consigo decir un tímido «perdón» y me voy de allí.
Mientras me alejo, le miro por última vez. Sigue barriendo como si nada hubiera pasado, perdido en sus murmullos. Por algún motivo, espero que me dedique una mirada o algo, pero no lo hace. El mundo no parece existir para él.
***
De camino a casa, en el autobús, escucho lo que he grabado. Se oye muy mal, muy bajito, pero se puede distinguir una cierta melodía. La grabación es muy corta, pero me permite distinguir que repite tres frases, o eso parece.
Mañana volveré y lo grabaré con algo mejor.
***
Hoy he vuelto. Me he sentado en mi sitio habitual. El hombre está ahí, como siempre, murmurando. Para no variar, me ignora, igual que a todo lo demás. Pensé que el encuentro de ayer marcaría alguna diferencia, pero no lo hace.
Me siento al borde de la mesa y preparo la grabadora. Cuando se cerca aprieto el botón. Además, presto atención a lo que dice.
Puedo notar el ritmo. Hay una cadencia en su hablar, una melodía. Se aleja.
Escucho la grabación con los auriculares. No entiendo una puñetera palabra. Tampoco puedo identificar el idioma con ninguna aplicación.
***
En casa, uso un programa de edición de audio para aumentar el volumen, limpiar el ruido de fondo y mejora bastante.
Con esfuerzo, transcribo lo que creo escuchar y obtengo varias palabras sueltas: ogodau, ounun y ananas. No es fácil transcribir un audio que no se entiende.
Busco esas palabras en Google sin ningún éxito.
***
Tras varios días escuchando el audio, consigo un resultado: he distinguido nuevas palabras y corregido las anteriores que había oído mal.
Ugnaj (no sé qué dice) unun.
Ogodao (ni idea de su significado).
Adnepikatu ananas Asiarufani (o algo así).
Vaya, encuentro algo interesante en un blog de esoterismo donde aparece el texto completo. En realidad, había transcrito mal algunas palabras, ya que lo había hecho según sonaban; no contaba con que se escribiera de forma diferente a como se pronuncia, como ocurre con muchos idiomas.
Ugnach ubatik aunun.
Ogodaw ufilahaw aw ugudu.
Adnepikatu an anas Ashiharufanik.
Ahora lo comparo con la grabación; es lo mismo, palabra por palabra. ¡Qué fácil es entender ahora a ese hombre con el texto delante!
En la entrada del blog dice que es un ritual de protección, una versión moderna de otro mucho más antiguo. El original era un conjuro muy poderoso, reservado solo para casos muy extremos, como protecciones contra dioses enemigos o maldiciones impuestas por ellos. Lo usaban los antiguos celtas íberos, cuando pueblos enfrentados combatían convencidos de que sus respectivos dioses formaban parte de la batalla. Cuenta la leyenda que, cuando los romanos fueron a conquistar la península, asesinaron a todos los chamanes que conocían este ritual. Sin esta protección, los romanos, con la ayuda de sus dioses, tomaron Iberia.
Con toda esta información, sigo investigando.
Encuentro más de lo mismo, muchas páginas son copia-pega de otras. ¡Qué poca vergüenza!
Encuentro otra página que trata sobre sociedades secretas. En algún momento de los 1800, una sociedad secreta, extremistas religiosos, consideraba que la humanidad estaba más allá de toda salvación, sumida en la depravación, herejía y el pecado. Por eso, creían, debía ser destruida de una vez por todas. Para ello, celebraban ceremonias y rituales con el fin de despertar a dioses dormidos que acabarían con nuestra herética especie.
Otro grupo secreto, de índole mágica, se opuso a ellos. Aunque no pudieron evitar sus rituales, contraatacaron usando este hechizo de protección para mantener a dichos seres a raya. En realidad, el original se perdió, pero consiguieron rehacerlo a base de fragmentos e información diseminada que pudieron recuperar.
Vaya, así que este hechizo de protección es lo que el limpiador de la biblioteca repite sin cesar. Quizá es un aficionado al maguferío, leyó sobre este ritual y ahora lo repite como un loro. Mucha gente con ciertas condiciones mentales hace cosas similares.
***
Ahí está el hombre, limpiando el polvo de las estanterías y murmurando el ritual una y otra vez. ¿Lo hará para protegerse de los ácaros? Jeje.
Con mi curiosidad satisfecha, no le presto más atención. Fue divertido todo eso de buscar información, espiar, investigar. Me hizo sentir como en una película, en busca de un misterio oscuro.
Lo observo mientras pienso en todo eso. Seguramente no es ni consciente de lo que dice. Pasa el paño por la madera del mueble con movimientos lentos, quizá por el peso de los años o la pasividad. Quién sabe. La manga se sube y puedo ver que lleva tatuajes. Se dice que uno puede conocer el pasado de alguien por esas decoraciones. ¿Cuál será el suyo?
Además, teniendo en cuenta su edad, los tatuajes no eran algo habitual en su generación.
La curiosidad. La maldita curiosidad.
Lleva tatuados unos símbolos en la muñeca. Quiero decir, no son los típicos dibujos de persona ruda, tipo calaveras, «amor de madre», puñales, esas cosas.
Sigo con mis estudios. Pero el recuerdo del tatuaje me viene a la mente una y otra vez. ¿Qué será? El hombre ya se ha ido y no puedo volver a verlo.
***
Paso los días siguientes intentando ver el tatuaje, sin éxito. Aunque estoy cerca de él, lo pillo barriendo y apenas mueve los brazos lo suficiente como para descubrir el brazo otra vez.
Estoy al acecho de la primera oportunidad. Tengo el móvil listo con la cámara encendida.
***
Está limpiando otra vez las estanterías. Aunque tengo los libros y el portátil, como si estuviera estudiando, observo al hombre como un águila.
Levanta el brazo para alcanzar la estantería de arriba. La manga se retira y el brazo queda expuesto. Como un rayo, grabo un video, mucho más seguro que una foto. ¡Lo tengo!
Ahí mismo, sin esperar a llegar a casa, busco la imagen en Internet. Solo es un fragmento, pero encuentro algo. Es un antiguo símbolo arcano, muy usado en hechicería. Un símbolo de protección. Sin duda, este hombre ha debido estar interesado en estas cosas.
***
Mientras Jorge me habla, un pensamiento me cruza la mente: el tatuaje de ese señor de ser antiguo por el aspecto borroso por los años. Deduzco que debió hacérselo cuando era joven, probablemente en la época franquista (o quizá no sea tan viejo, no lo sé). ¿Cómo habría podido alguien hacerse un tatuaje de ese tipo en esa época? Por lo que sé, estaban perseguidas. O quizá no; en realidad no tengo ni idea. Debe de haber una decena de explicaciones lógicas: quizá se lo hizo en el extranjero, o sea, un recuerdo de algo no relacionado con su significado esotérico. Puede ser muchas cosas. Pero… hay algo que me inquieta.
Jorge me devuelve a la realidad al apuntar que se me va a enfriar el café. Sigue hablando y lo escucho para retomar la conversación.
Sin embargo, ese limpiador siempre me ha parecido extraño. No creo que una explicación sencilla sea la adecuada en este caso. Sus ojos y la forma en la que me miró aquella vez me hacen pensar que es alguien especial. No es el tipo de persona que se hiciera un tatuaje esotérico por un capricho.
¿Y si recita esas frases a modo de protección contra algo? ¿Y si cree estar bajo una maldición y repite eso constantemente para no sufrir sus consecuencias? Como si fuera un TOC. Quizá este hombre quedó marcado por esa idea, su mente envejecida la retorció y ahora siente que debe hacerlo para evitar la destrucción total.
***
Me despierto entre sudores. He tenido una pesadilla horrible. En ella, un grupo de magos hacían una ceremonia y recitaban el hechizo para mantener a raya a un grupo de seres. Entre ellos estaba el limpiador. Los miembros del grupo iban desapareciendo hasta que solo quedaba él.
Es una tontería, pero ¿y si realmente hubiera una espada de Damocles sobre la humanidad, y lo único que nos mantiene vivos es un grupo de ancianos que, poco a poco y por la edad, van muriendo?
Pero eso es imposible.
***
Han pasado varios días.
Sigo yendo a la biblioteca y no puedo dejar de observar al limpiador. No me quito la idea de la cabeza. ¿Es posible que este anciano decrépito, sea la diferencia entre la vida y la destrucción total?
Sé que son todo historias, pero la duda… La terrible duda. Quizá, en su demencia, ese comportamiento ausente se deba a creer cosas que el resto ignoramos. Está tan obcecado con la importancia de su tarea, que el resto del mundo no le importa.
***
Hoy no ha venido a trabajar; no lo he visto.
Pregunto en recepción por él y me dicen que ya no trabaja aquí. Ayer se jubiló y fue su último día.
Ya no lo volveré a ver ni podré saber si sigue vivo o no.
***
Pese a saber que todo es absurdo, no puedo dejar de preocuparme. Tengo pesadillas sobre un mundo postapocalíptico donde criaturas horribles arrasan con todo y solo dejan desolación a su paso. Ya no queda ni una sola señal de vida en el mundo. En mi sueño, el limpiador aparece y me entrega un libro abierto.
Me despierto con una sensación de angustia y un peso en el pecho. Es la sensación de que algo horrible va a pasar.
***
Sé que es una locura sin el más mínimo sentido, pero no puedo dejar de darle vueltas al asunto. Siento una presión sobre mí, como si algo horrible fuera a pasar en cualquier momento. He estado evitando pensar en una cosa porque es ridículo, pero ¿y si ese hombre ha muerto y me ha pasado el legado en los sueños? ¿Y si ahora me toca proteger al mundo de esos seres?
Busco la transcripción del sortilegio en casa y la leo para mí. El hombre aquel lo recitaba mientras limpiaba, así que no puede ser tan difícil. Leo los versos en voz alta:
Ugnach ubatik aunun.
Ogodaw ufilahaw aw ugudu.
Adnepikatu an anas Ashiharufanik.
No sé por qué, pero me siento algo mejor. Como si esa sensación de alarma se disipara.
***
Me despierto y tengo ese texto en mi cabeza, repitiendo constantemente. Lo recito en voz alta:
Ugnach ubatik aunun.
Ogodaw ufilahaw aw ugudu.
Adnepikatu an anas Ashiharufanik.
Me hace sentir bien, o mejor dicho, menos mal. Me vuelvo a dormir.
***
Me despierto y lo primero que hago es recitar los versos:
Ugnach ubatik aunun.
Ogodaw ufilahaw aw ugudu.
Adnepikatu an anas Ashiharufanik.
Quizá todo sea real y esté funcionando. Nada se pierde por intentarlo. Si todo esto es cierto y estamos en peligro, es mejor hacer el hechizo. Y si no, pues tampoco pasa nada por recitar unas frases, ¿no? Los creyentes rezan; ¿qué diferencia hay?
De hecho, creo que lo haré dos veces al día: al levantarme y al acostarme.
***
Ugnach ubatik aunun.
Ogodaw ufilahaw aw ugudu.
Adnepikatu an anas Ashiharufanik.
Según las noticias, han ocurrido varios eventos. No dicen nada específico sobre la naturaleza de los eventos, pero esos accidentes me parecen extraños. Pienso aumentar el número de veces que repetiré los versos.
Ugnach ubatik aunun.
Ogodaw ufilahaw aw ugudu.
Adnepikatu an anas Ashiharufanik.
***
Ugnach ubatik aunun.
Ogodaw ufilahaw aw ugudu.
Adnepikatu an anas Ashiharufanik.
Dios santo, el mundo está plagado de desastres. Hambre, guerras, conflictos… Esos seres están abriéndose paso a nuestro mundo, destruyéndolo todo, pero nadie se da cuenta de nada.
Ugnach ubatik aunun.
Ogodaw ufilahaw aw ugudu.
Adnepikatu an anas Ashiharufanik.
Ugnach ubatik aunun.
Ogodaw ufilahaw aw ugudu.
Adnepikatu an anas Ashiharufanik.
***
Ugnach ubatik aunun.
Ogodaw ufilahaw aw ugudu.
Adnepikatu an anas Ashiharufanik.
Ugnach ubatik aunun.
Ogodaw ufilahaw aw ugudu.
Adnepikatu an anas Ashiharufanik.
Están ahí intentando entrar. Puedo sentirlos. Si nadie repite el mantra, el caos caerá sobre la tierra. No sé si queda alguien en el mundo que pueda hacerlo. Quizá solo esté yo.
Ugnach ubatik aunun.
Ogodaw ufilahaw aw ugudu.
Adnepikatu an anas Ashiharufanik.
Ugnach ubatik aunun.
Ogodaw ufilahaw aw ugudu.
Adnepikatu an anas Ashiharufanik.
Ugnach ubatik aunun.
Ogodaw ufilahaw aw ugudu.
Adnepikatu an anas Ashiharufanik.
Ugnach ubatik aunun.
Ogodaw ufilahaw aw ugudu.
Adnepikatu an anas Ashiharufanik.
Ugnach ubatik aunun.
Ogodaw ufilahaw aw ugudu.
Adnepikatu an anas Ashiharufanik.
Ugnach ubatik aunun.
Ogodaw ufilahaw aw ugudu.
Adnepikatu an anas Ashiharufanik.
Ugnach ubatik aunun.
Ogodaw ufilahaw aw ugudu.
Adnepikatu an anas Ashiharufanik.
Ugnach ubatik aunun.
Ogodaw ufilahaw aw ugudu.
Adnepikatu an anas Ashiharufanik.
Ugnach ubatik aunun.
Ogodaw ufilahaw aw ugudu.
Adnepikatu an anas Ashiharufanik.
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