Promesa de futuro

0 Años. 0 Semanas. 30 Segundos. Descontando.

John Smith yacía en el suelo sobre un charco de su propia sangre, tapando con las manos una herida en el abdomen. Había recibido más impactos de bala, pero no sentía nada, solo frío.

Sus pensamientos estaban lejos de allí, con Rita. Sollozaba pensando en ella. No quería morir. Había muchas cosas por hacer. Quería abrazar a Rita. Quería estar con ella. Quería estar en casa. Un par de horas más junto a ella.

Gritaba pidiendo ayuda, pero sus gritos eran silenciados por el sonido de las explosiones, disparos y voces de sus compañeros y enemigos.

Alguien se le echó encima. Apartó las manos para ver la herida. Le dijo algo. Intentó hacer varias maniobras ya inútiles.

El mundo de John quedó en tinieblas.

0 Segundos.

0 Años. 14 Semanas. 78 Horas. Descontando.

—No os preocupéis, volveré pronto. Es solo un año —dijo John.

Un año. Para Rita sonaba a una eternidad. Podían pasar muchas cosas durante un año en el frente, todas malas. Le estaba costando un esfuerzo enorme no llorar.

Su madre, en cambio, lloraba abiertamente, un privilegio prohibido para John senior, que debía mostrarse fuerte.

—¡Adiós hijo! ¡Estoy orgulloso de ti!

—No hagas tonterías, Johnny. No quieras ser un héroe —dijo su madre.

John la abrazó para calmarla. Luego a Rita, y la besó.

—No me va a pasar nada. Antes de que te des cuenta, ya habré vuelto.

Dejó a su prometida cuando el silbido del tren avisó de la inminente partida.

Cogió el macuto y subió al vagón, junto a otros muchos chicos.

Su familia lo buscó a través de las ventanas. Cuando tomó asiento, se miraron unos a otros. John sonreía para tranquilizarlos. En el fondo, estaba tan asustado como ellos.

—Cuando vuelva, nos casaremos —dijo a Rita.

1 Año. 32 Semanas. 3 Horas. Descontando.

—¡No entiendo por qué tienes que irte ahora! ¿Qué sentido tiene? Ni siquiera es obligatorio.

—Nuestro país nos necesita, Rita; es mi deber —dijo John lacónicamente. Como no esperaba que ella lo entendiera, tampoco quería perder el tiempo en explicaciones absurdas.

La joven le arrancó la carta de las manos y la hizo trizas con furia. Ese simple papel se había convertido en su enemigo.

—¡No te están llamando a filas! No tienes por qué ir, es solo una petición voluntaria.¿A quién quieres impresionar?

John suspiró para relajarse. No quería enfadarse ahora.

—Escucha. No lo entiendes. Mucha gente está yendo al frente. Mike, Sam… casi todos mis amigos también se han presentado como voluntarios. ¿Debo quedarme aquí, sentado, mientras nuestros compatriotas están luchando?

—¡Sí! Eso es lo que deberías hacer. Además, íbamos a casarnos este año.

—No sabíamos que esto pasaría cuando hicimos los planes. —La estrechó entre sus brazos para calmarla—. La boda se va a retrasar un poco, pero no te preocupes. Será solo un año. Pasará rápido.

—Eso me preocupa. El tiempo pasa muy rápido, Johnny. Además, apenas te veo. Siempre estás en la carretera, cubriendo reportajes, trabajando sin parar. ¡Casémonos ahora, antes de que te vayas!

Él hizo un gesto con la mano para quitarle importancia. Mujeres, siempre tan melodramáticas.

—Quiero estar allí para verlo todo en primera persona; será bueno para mi carrera. Podría ganar el Pulitzer con esta experiencia.

Hacía casi un año, había cubierto un evento sobre una película proyectada en Nueva York en la que se combinaban las imágenes con un fonógrafo, pero llegó tarde y otro se le adelantó con un artículo mucho más exhaustivo. No iba a pasarle lo mismo. Quería estar en el frente, vivirlo por sí mismo y escribir un artículo, quizá un libro, con sus vivencias.

—No te preocupes. Cuando vuelva, nos casaremos y tendremos un par de niños. Te lo prometo. Hay tiempo de sobra.

2 Años. 12 Semanas. 6 Días. Descontando.

—Le estoy muy agradecido, señor Goldsmith. No se arrepentirá, ya lo verá. Estoy dispuesto a entregarme a fondo por esta empresa.

—Estoy seguro de ello, señor Smith. No damos un ascenso como este a la ligera, pero usted tiene talento. Sin embargo, debo advertirle que deberá dedicar unas cuantas horas extra. Los viajes, el tiempo en oficina redactando los artículos, nuevas responsabilidades… Le quitará bastante tiempo. ¿Está seguro de poder hacerlo?

John estaba demasiado excitado como para pensar en los contras de esta nueva posición.

—Por descontado.

—Estupendo. —El director se recostó en el sillón. Tomó un puro y luego le ofreció la caja a John—. Dígame, ¿tiene usted familia? Este puesto puede interferir con la vida familiar.

John no contestó de inmediato. Sus ojos se volvieron ensoñadores.

—Recientemente, he conocido a una chica… Pero no se preocupe: no afectará al desempeño de mi trabajo. Cuando nos casemos, tendremos tiempo para estar juntos.

El doctor tomó al neonato con ambas manos.

La mujer estaba agotada, jadeaba con la cara llena de sudor tras un largo parto. El dolor y el esfuerzo la había consumido, pero ahora que veía a su hijo, era el mejor momento de su vida.

—Felicidades, señora Smith. Ha tenido un hijo y está perfectamente sano. ¿Ha pensado en algún nombre ya?

La mujer recibió a su bebé entre los brazos, en un gesto instintivo de protección. Lo miró con ternura.

—Se llamará John.

El bebé se agitó y estiró los bracitos, queriendo agarrar algo. La mujer sonrió.

—Tranquilo, cariño. Descansa. Tienes todo el tiempo del mundo.

19 Años. 21 Semanas. 65 Horas. 3 Segundos. Descontando.

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