El último beso (El remake)

Esto es una reedición del cuento «El último beso», escrito de otra forma, con bastantes cambios. Es tan distinta que he preferido dejar la otra versión. En los comentarios podeís poner cual os gusta más.

La puerta amenazaba con romperse en cualquier momento. Al otro lado, un idiota se esforzaba en tirarla abajo para detenerme.

Apreté el cañón del arma contra la frente de ella. Me miraba llorando, sin dejar de suplicar perdón. No sabía si quería ganar tiempo o realmente confiaba en convencerme.

Se deshacía en disculpas y promesas.

—Él me obligó. Tienes que creerme. Yo nunca quise hacerte daño. Fue él. ¡Está loco!

Mentiras. Cuando tienes el cañón de un revólver en la frente dirías cualquier cosa para sobrevivir.

—Confía en mí, por favor. Intenté detenerlo, pero quiere matarte por celos, porque es a ti al único a quien amo.

Otro golpe en la puerta. Su nuevo pelele luchando por salvarla. No tenía mucho más tiempo; amartillé el percutor. Su mera existencia era veneno en este mundo. Estaba harto de sus mentiras. Estaba cansado de quererla. La odiaba tan intensamente como la amaba.

Sus ojos grandes, castaños, brillantes por las lágrimas, me miraban fijamente. Esos ojos tiernos. Tan maravillosos.

Quise apretar el gatillo, pero mi dedo se negaba a obedecer. No podía soportar la idea de verla muerta.

Hubo un tiempo en el que juré morir por ella. Le prometí defenderla de cualquier peligro. Un caballero debe mantener sus promesas.

Por el crujido de la madera, el idiota no tardaría en entrar. Estaría armado y no dudaría en disparar. Pobre diablo. Él o yo. No me importaba en realidad. Los dos éramos unos imbéciles, dispuestos a dejar correr sangre por esta mujer. Si alguien debía morir hoy, si alguien lo merecía, era ella.

¿Cuántas veces me había engañado? Imposible contarlas. Muchas de ellas, con consecuencias casi mortales. Manipulaba a la gente, hacía con ellos lo que quería, como si fueran marionetas. Lo sé perfectamente porque yo fui una de ellas. Me convenció para matar a su exmarido para poder estar juntos. Fue su idea, lo planeó todo. Yo solo fui su mano ejecutora. Otro ocuparía mi puesto.

Un demonio con curvas de mujer, capaz de derramar lágrimas de falsedad cuando el momento lo necesitaba. Pero su actuación conseguía hacerse un hueco en mi alma. Debía esforzarme por recordar todo el daño que había causado. Con un movimiento del dedo y todo terminaría.

No podía hacerlo.

A veces, el odio y el amor se mezclan hasta ser indistinguibles. El uno alimenta al otro.

Por eso, la detestaba tanto como la deseé. La amé hasta odiar hacerlo.

Las voces de su nuevo amante gritaban amenazas, me prevenían de no hacerle daño. Yo había dicho esas mismas palabras en algún momento.

—Mátalo a él. Me da miedo, es peligroso. Sálvame, por favor. Solo quiero estar contigo, para siempre.

Fueron palabras, pero me impactaron como balas.

¿Debería matarlo a él? Él era la amenaza. Luego huiría de la ciudad. Ella vivía, yo también. Todo el mundo está feliz. No la volvería a ver nunca más. Excepto ese pobre desgraciado, inconsciente de dónde se había metido.

Apunté a la puerta.

—Huyamos de esta ciudad, los dos. Dejémoslo todo atrás. Empecemos otra vez. Pero antes, debes acabar con él.

Estaba dispuesto. Volver a estar con ella. Su veneno entraba en mi cabeza. Sería como si nada hubiera pasado, solo una pesadilla. Debía acabar con ese chaval.

La seguía amando demasiado.

Entonces me di cuenta, por algún extraño motivo, de que estaba jugando con mis sentimientos otra vez.

Su expresión se contrajo con terror cuando puse nuevamente la pistola en su preciosa cara.

—¿No quieres estar conmigo? Seré toda tuya, para siempre. ¿Cuándo nos besamos por última vez? No puedo recordarlo. Por favor, bésame otra vez.

Nuestro último beso, en aquel túnel. El recuerdo me sacudió como el puñetazo de un boxeador. Nunca sabes cuándo es el último beso. Lo descubres demasiado tarde.

Ignorando la pistola, se puso de pie para acercarse a mí. Aproximó su cara a la mía. Pude oler su perfume y, por unos segundos, el pasado se convirtió en presente.

La puerta crujió, anunciando que estaba apunto de ceder.

Me rodeó con los brazos. Sentí el calor de su cuerpo invadiéndome.

Apreté el revólver contra su abdomen.

Nuestros labios se juntaron otra vez. Me besó con pasión.

Quise matarla como nunca antes por todo cuanto me hacía sentir. Cuanto más la deseaba, más la repudiaba.

La puerta estalló con el último golpe. Un chico muy joven entró con un arma en la mano. No sabía ni sujetarla correctamente. Su cara no expresaba la locura de los celos, sino preocupación. Sus ojos analizaron el cuerpo de ella, buscando alguna herida. Después, se dio cuenta de la escena: ambos abrazados, besándonos mientras él luchaba por defenderla. Su rostro se nubló por la furia. Era estar frente a un espejo.

Sentí lástima por él. Los dos dispuestos a matar o morir por quien realmente merecía la muerte.

—Mátale y seré toda tuya —me susurró con lascivia.

Sonaron disparos. Plomo de muerte voló de todas direcciones. El suelo se cubrió de sangre.

Hace tiempo, le prometí protegerla. Un caballero debe cumplir sus promesas. Pero el amor y el odio, a veces, se funden en una única cosa. Tampoco soportaba la idea de verla muerta. Este pobre chico no merecía morir aquí.

La oigo salir caminando, emitiendo una ligera risa mientras pasa por encima de nuestros cuerpos. Ahora sé cual fue nuestro último beso.

La promoción

Historias simpaticas (o no), de terror (o no), de fantasía (o no) ¡por el quivalente a un puñado de cesped de un campo de rugby, señora!

2 comentarios sobre “El último beso (El remake)

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