Ultimando detalles

 

Este relato forma parte del mundo de ficción Héroes di Palo.

 

A diferencia de lo que mucha gente cree, los primeros miembros y criaturas que poblaron el mundo no fueron diseñados ni creados por los dioses, sino por subalternos becarios, recién ascendidos a espíritus o guía tótem a los que les encargaron el marrón.

Tampoco fue una tarea fácil, ya que no sabían muy bien como solucionar varios problemas porque, como espíritus que eran, carecían de forma física y funciones orgánicas, así que todo ese caos de fluidos corporales y órganos era algo nuevo para ellos. Decidieron ir solucionando los problemas a base de prueba y error, dejar que la naturaleza siguiera su curso y que sobreviviera el más apto.

Un ejemplo de uno de estos problemas de diseño fue lo que les ocurrió a los espíritus encargados de diseñar el hardware de los humanos. El asunto fue más o menos así.

Ciudadela de los dioses.

Principios de la creación.

 

—Bueno, pues yo creo que ya está. Pero tengo la sensación de que se me olvida algo… —dijo un espíritu de la naturaleza.

— ¿Ya está dices? —preguntó su compañero desde la sala de artrópodos—. Pues ya era hora, estaba hartándome ya.

—Sí, ya está todo. He terminado de ensamblar bien la piel y está todo precintado. ¿Pero sabes ese tipo de sensación cuando te olvidas de algo y no sabes el qué?

—Da igual, no te preocupes ahora por eso. Cuando te acuerdes ya lo iremos apañando. Bueno —añadió observando con satisfacción las dos figuras humanas, un macho y una hembra—, pues no han quedado tan mal. Como Proyecto Piloto están bastante bien y todo funciona cómo Dios mandó, ¿no? De esta nos sacamos un ascenso a Dioses de Segunda.— preguntó al otro espíritu de la naturaleza, analizando de cerca los órganos internos del macho— . ¿Arreglaste el problema ese del apéndice? Es muy importante aunque los humanos nunca averiguarán para qué sirve.

—Sí, sí. Todo va perfecto. Si acaso de vez en cuando las conexiones neuronales van un poco a su bola y lo mismo tiene pensamientos que no tienen sentido, pero ya se irá acostumbrando. Pero ¿qué será eso que…? ¡Es que creo que es importante!

—No te preocupes por eso. Pues ahora es cuestión de hacer unas cuantas copias, modificarlos ligeramente para tener variabilidad, los ponemos a reproducirse y que la subrutina de la genética haga el resto, como con los otros bichos. Y nosotros, a tocarnos los…

—¡Mierda! ¡Ya me acuerdo! — exclamó el primero poniendo los ojos en blanco.

— ¿No jorobes que es algo de la genética?

— ¡Los órganos gonadales reproductores del macho! Se me han olvidado completamente —se cubrió la cara con las manos.

—¿No tiene pene? —preguntó el otro mirándole la colita al humano.

—Que no tiene testículos. ¡Se me ha pasado por completo ponérselos!

—¡No jodas! ¿Pero cómo se te ha olvidado eso? ¿No puedes colocárselos ahora?

—No hay sitio para nada. Está todo compacto.

—¿Y si apartas un poco el bazo? O recortando el intestino, creo que es demasiado largo…

—¡Deja el intestino en paz! ¡Cualquier excusa es buena para recortar el intestino! Mide lo necesario. Está todo perfectamente calculado a la micronésima. Me costó una eternidad ajustarlo todo y no sobra ni un centímetro ¿Tú sabes lo difícil que fue diseñar los glóbulos rojos para que pirulen a ese tamaño tan pequeño? No hay sitio para los testículos ni para nada. ¡Arj! —gritó al cielo con desesperación.

—Me cago en la mar. ¿Cómo van a reproducirse ahora? ¿Por esporas? Pues ya puedes ir arreglándolo y rápido. No quiero pasarme el resto de la existencia haciendo humanos a mano —le acusó señalándole con el dedo de señalar.

—Mira, ¿sabes qué te digo? Se los planto entre las piernas y a correr.

—¿Ahí colgando? ¡Pero queda feísimo! Me parece hasta de mal gusto ponerle algo tan delicado y feo a la vista y al alcance de cualquier mano.

—Me la pela. Yo se los pego ahí y hace millas.

—¡Pero se los pillará cada vez que cierre las piernas o se siente!

—Ya aprenderá a apartárselos.

—Pero… pero… —intentó decir, observando el resultado del apaño rápido que estaba haciendo su colega—. Queda muy feo tío. Muy feo. Parece diseñado por los espíritus del humor absurdo.

—Lee mis labios: me-da-igual. El escroto no tiene por qué ser bonito, solo hacer su función. ¿Prefieres que se lo ponga en la frente?

—Joder, pero es como si le hubieras puesto las glándulas mamarias a las mujeres entre las piernas.

—Pues con las vacas lo hicimos así todo el mundo tan contento, si quieres aun estamos a tiempo…

—¡Déjalas donde están! —exclamó apartando las manos de su compañero que ya estaba cambiando las tetas de sitio—. Bueno, pues vale, ponle los huevos donde te dé la gana.

—Pues yo creo que hacen juego con el pene, ¿no? Ya que eso le cuelga, justo me parece que lo otro también. Cuanto más los miro, más me gusta como queda.

—Ya da igual. Ale, enséñaselos al jefe y a ver como le vendes el escroto colgando.

 

Y el resto, como puedes apreciar, es historia…

 

 

 

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