La novia del hijo del dios malvado

Esta historia forma parte del mundo Héroes de palo, y está inspirado en la canción “The devil´s son”, del grupo The Creepshow.

 

Existe una leyenda antigua, aquí en Tolnedra, que se contaba entre los mozos del burgo hace años. Hoy por hoy parece haber caído en el olvido, así que quisiera recuperarla para prevenir a los mozos distraídos, o los que vienen de otros poblados y no la conocen. Es la historia de la novia del dios malvado.

Hace tiempo, aquí, en Tolnedra, hubo una chica, ni más guapa ni más fea. Era una chica normal, y siendo como eran las familias entonces, eran continuamente empujada para casarse con alguien, y nunca le faltó un novio. Lo que le faltaba era sentirse enamorada por ellos. Estuvo con un primer novio, pero al poco tiempo lo dejó, porque no sentía nada por él.

Al poco, le pasó lo mismo con un segundo. Y hubo un tercero.

La verdad, es que este no era un problema para ella. El problema era que estos chicos siempre volvían a intentar recuperarla, y lo que era peor, se peleaban entre ellos.

Así que, una noche, en una discusión con su segundo ex novio, lo mató en medio de la trifulca, apuñalándole el pecho varias veces con un cuchillo de cocina, hasta que el chico quedó en el suelo sobre un charco de sangre.

Lejos de sentirse asustada, descubrió que dentro de ella crecía un cierto placer. No solo se había deshecho de ese chaval con quien no quería estar, sino que además había descubierto una nueva fascinación. La sensación al matarlo, combinada con el olor de la sangre invadiendo su casa, la llevó a un éxtasis que no había conocido ni experimentado con nada más. No tardó en hacer lo mismo con los otros dos novios del pasado, y así terminar con su continua insistencia.

Poco tiempo más tarde, conoció a otro chico. Notaba que tampoco sentía nada por él, aunque otro sentimiento volvía a aparecer en ella; lo estranguló con una cuerda. Al siguiente lo decapitó con un hacha mientras dormía.

Así, comenzó a desarrollar lo que para ella era su mayor divertimiento, lo que le hacía sentir viva, siempre probando nuevas formas con las que acabar con sus amantes. Realmente no le interesaba que fueran sus novios, porque ninguno de ellos le tocó el corazón en ningún momento. Ninguno la conmovió ni la hizo sentir nada. Cuando realmente lo hacía, era cuando los asesinaba. Entonces es cuando se sentía plena, feliz y risueña como una niña. Era un juego para ella. Incluso deshacerse de los cuerpos le parecía un rompecabezas entretenido, y dedicaba rato a planearlo y a disfrutar de la ejecución. Le maravillaba descuartizar los cuerpos para poder transportarlos con mayor facilidad. Otras veces los enterraban de una pieza, o los tiraba al río con un peso atado. En ocasiones, incluso usaba la carne para comer en filetes, carne picada, caldo… todo era aprovechable.

Todo dependía de con qué quería experimentar ese día.

terror

En el burgo se notaba que desparecían jóvenes, por supuesto, y sus amigos y familiares se preocupaban. Pero en una población como aquella, en la que el cólera, o cualquier otra enfermedad, al igual que la cantidad de asaltantes que esperaban en las esquinas a la espera de algún incauto hacían estragos, unas desapariciones más, no era algo que desatara el pánico más de lo que ya lo hacía todo lo demás.

Por cierto, que  alguno de estos asaltantes que plagaban Tolnedra por aquel entonces, encontró también su final cuando intentó meterse con la joven. Uno entró en su casa con la idea de robar todo lo que hubiera, para ser disparado por la espalda con una ballesta que había conseguido de un soldado al que había ahogado en el río.

Pero pese a toda esta diversión y placer que encontraba, siempre había algo que le faltaba. Sentía un hueco dentro su alma, algo que no conseguía satisfacer. Por eso, siempre mataba de forma diferente, buscando lo que ella creía que era ese elemento, esa muerte que la llenara, sin éxito.

Sin embargo, no fue así como lo descubrió.

Fue una noche sin luna, oscura como el estómago de un lobo. Ni siquiera las estrellas brillaban, quizá porque sabían que esa iba a ser una noche diferente.

La joven se despertó en medio de la noche. Fue un olor el que la despertó, un olor suave con un ligero tono dulce. La chica olisqueó en el aire ese aroma que llenaba su habitación, y la hacía sentir muy bien, porque era un olor agradable.

Una voz surgida de un rincón, la sorprendió y asustó al principio. Esa voz le habló con tranquilidad, y le dijo frases que la calmaron.

Ella no podía ver el origen de la voz, oculta entre la sombras. Lo único que llegaba a discernir entre las sombras eran un par de brillos, que debían ser sus ojos. No eran realmente destellos o brillos, sino más bien el reflejo de una luz que llegaba de algún lugar lejano. Pese a ello, ella no sintió ningún miedo. Si bien se sintió reconfortada.

El extraño le dijo que era uno de los hijos del dios malvado, y que había visto lo que ella hacía. También le confesó que era un gran admirador de su trabajo, que le encantaba, y no podía esperar a ver qué haría con la siguiente víctima.

Con estas palabras, se despidió y desapareció, llevándose el olor dulce con él.

La joven se quedó sentada en la cama, apretando la sábana entre sus manos, con sus pensamientos muy lejos de donde ella estaba. Tal impacto le había causado la presencia del hijo del dios malvado. Ahora sintió que ese hueco que tenía en su alma había sido llenado, ahora estaba completo; estaba enamorada. Sentía su corazón latir como nunca lo había hecho antes, incluso notaba el rubor creciendo, los nervios y, especialmente, su felicidad. Había encontrado a alguien a quién amar, y esa persona admiraba lo que ella hacía. No podía ser más feliz.

Aquella noche no pudo pegar ojo, excitada con su revelación.

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No tardó en ponerse en marcha a la caza de una nueva víctima. Esta vez haría que un grupo de perros lo devorara vivo.

Así siguió matando, uno tras otro, siempre de formas diferentes, siempre cambiando. Y siempre que lo hacía, sentía al blanco de su amor junto a ella. Destripaba, mutilaba, decapitaba, desangraba, estrangulaba, con total felicidad, entregada un frenesí llevada por el amor y su deseo de estar con el hijo del dios perverso.

Pero su orgía de sangre acabó por encontrar un final. Un día fue encontrada en la calle golpeando la cabeza de un chico con una roca. Inmediatamente fue reprendida y encerrada en el calabozo a la espera de un juicio.

Pero nada de eso le importaba, porque su verdadera preocupación estaba en que mientras estaba encerrada en el calabozo no podía ofrecer sangre a su amado. Pasaron varios días, en los que no había acabado con ninguna vida, y temía que aquel creyera que ella ya no le quería, que se había olvidado de él. Ella no podía pensar en nada más que en poder demostrarle que seguía amándolo, pero no podía hacer nada, atada con grilletes en una cueva. Ni siquiera había nadie más en la celda a quien estrangular o destrozarle la garganta con los dientes. Se temió que el hijo del dios malvado acabara olvidándose de ella y dejara de amarla.

Por eso, lloraba cada noche. Las pasaba en vela, esperando a que apareciera nuevamente, preguntarle porqué ya no había matado a nadie, y ella podría explicárselo. Pero no aparecía. Empezó a comprender que la había abandonado, sin duda porque creyó que ella ya no le amaba, cuando en realidad, era su mayor deseo.

En esos tiempos, todavía se ejecutaba a la gente, así que esa fue la pena que le impusieron. Ni siquiera reaccionó cuando le dijeron que sería ahorcada. Le daba igual. Ella solo quería ver a su amado. Quería sentirlo cerca.

A los pocos días, la pasearon por toda Tolnedra, atada con cadenas, para que la gente le tirara comida podrida, incluso alguna piedra, y muchos insultos. Pero su mente no estaba en ese sitio. Su pena la tenía sumida en un estado que la hacía estar muy, muy lejos. En todos los días en el calabozo no había comido la escasa comida que le daban, y su aspecto era anémico y pálido. Parecía un cadáver que se movía sin voluntad. La gente la vio llorar, y se reían de sus lágrimas, pues creían que era porque iba a ser ejecutada. Pero sus lágrimas eran porque su corazón estaba roto.

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Aun cuando la subieron a la palestra y le pusieron la soga alrededor del cuello, tampoco cambió su expresión.

Pero su estado se rompió cuando un viejo olor llegó a ella. Un olor dulce, la dulzura y el calor del pecado que una vez hubo llenado de su cuarto cubría el lugar de ejecución.

Levantó la vista y, allí, entre la multitud, reconoció de inmediato el fuego oscuro en los ojos de uno de los presentes. La miraba y sonreía con cariño. Dijo algo, que no pudo oír, pero en sus labios pudo leer que la esperaría en el submundo.

Un calor la llenó. Se sintió ruborizada nuevamente, su corazón latió con fuerza. Su amado no la había olvidado y había venido a por ella. Había venido a recogerla y ahora podrían estar juntos para siempre. No pudo sentir mayor gozo y felicidad.

En aquella época se ahorcaba de forma diferente. No usaban trampillas en las que caía la gente, sino que entre un par de verdugos fuertes, tiraban de la cuerda para elevar a la chica, y dejarla morir lentamente por asfixia.

La gente gritó y silbó. Pero tras unos segundos, dejaron de hacerlo porque la imagen les heló la sangre.

El rostro de la chica estaba completamente iluminado, con una sonrisa en su boca. Aún colgando como un pelele de la soga, ahogándose lentamente, con el rostro amoratado, los ojos congestionados a punto de saltar de sus órbitas, su expresión era de felicidad. Tampoco hacía ningún esfuerzo por soltarse, o liberarse, como otros ejecutados anteriores habían hecho. Sus ojos estaban fijos en algún punto de donde estaba la masa de gente. Ella veía a su novio, y no le quitaba la mirada de encima. Pero la gente solo la veía a ella, mirando fijamente y llena de una felicidad radiantes, mientras se ahogaba lentamente.

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Algunos aseguran que vieron a un joven junto a la chica cuando esta estaba ya muerta.

Hubieron problemas cuando hubo que meterla en el saco para enterrarla, porque nadie quería acercarse a su cuerpo, ya que su cara seguía mostrando esa sonrisa tan espantosa, e incluso los pocos que se acercaron, aseguraban que sus ojos se volvían hacia ellos, y les miraban fijamente.

Todo esto impactó tanto, que esa fue la última vez que se ejecutó a alguien.

Por otro lado, la leyenda dice que la joven está pasando la eternidad en el inframundo, junto al hijo del dios malvado.

Pero también se dice que, en las noches sin luna, en las que no hay estrellas visibles en el cielo y este es oscuro como la boca de un lobo, ambos vuelven al mundo de los mortales para engañar a algún joven y jugar con él. Por eso, cuando yo era un joven mozo, si en esas noches alguien veía a una chica sola en los callejones, buscando pareja, lo mejor era alejarse, en caso que en realidad fuera la novia del hijo del dios malvado, buscando alguien a quien llevarse con ellos.

 

 

Las imágenes pertencen a sus autores/as

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