El Sancta Sanctorum

Magos en sus torres enfrascados en sus estudios y experimentos. Batman en su cueva o Superlopez en su retiro en el polo. Lugares donde realizan sus chanchullos en tranquilidad, apartados/as del mundo o al menos sin que nadie les jorobe cada cinco minutos.

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SUperlopez, de Jan

 

No es solo un lugar donde se sienten en tranquilidad, sino dónde ocurre algo importante: recuerdan quienes son.

Los artistas necesitamos algo similar.

¿Se nos olvida quienes somos?

Pues parece muy chorra pero así es; es muy fácil perder el camino. Es muy fácil olvidar por qué hacemos algo en un momento determinado, especialmente cuando los éxitos o los fracasos enturbian nuestra perspectiva.

Por supuesto, hay mucho ego en el arte, y muy pocos van a reconocer que han perdido el rumbo. Hacen cosas y luego las justifican, incapaces de recular o reconocer que se han metido donde no debían. Pero eso es problema suyo.

Empecé a escribir porque me apetecía y me gustaba. Enseñé lo que hacía a los cuatro gatos cercanos que querían leerlo. Al final lo publiqué en el blog que cree al efecto, y más tarde en plataformas y foros de escritura. Pero las cosas se volvieron interesantes cuando no tenía apenas visitas/lecturas/opiniones.

De ahí pasé al «coño, quiero que me lean». Sin querer, entré en esa espiral de ganar visitas y promocionar mi blog. Busqué información para conseguirlo y acabé en esas entradas en las que te recomiendan publicar de forma regular y hablar sobre cosas que la gente quiere leer.

Así es como, sin darte cuenta, acabas por no hacer lo que quieres hacer en un principio y además lo haces a la fuerza, buscando contenido para cumplir una semana más. En mi caso, eran los tiempos del blog extinto Mundobizarresco.

lost

Me cansé de hacer el memo, y me di cuenta de que me había ido de varas y quería volver al origen.

Por eso, el Sancta Sanctorum tiene esa función importante: recordarte porqué escribes, quienes fueron las influencias y inspiraciones, qué es lo que hizo que empezaras a escribir, cual era el estilo que querías tener, y sobre todo: cómo lo haces tú.

Por supuesto todos cambiamos y las cosas van desarrollándose y madurando, y podemos terminar de una forma distinta a como empezamos. Pero una cosa es evolucionar y otra es convertirse en un mutante hijo de puta.

No obstante, rechazo que esto tenga que ser algo artificial. Creo que el propio subconsciente te va guiando, y tampoco tiene por qué ser un solo lugar.

A mí, mi instinto me impulsa a escribir en cafeterías y bares. Pensándolo bien no es casualidad, ya que fue en esos entornos dónde más inspiración he sacado y de dónde nacieron muchas ideas (y si habéis leído las versiones beta de mis novelas os habréis dado cuenta de cómo las tabernas son lugares recurrentes de los personajes).

Obviamente, no voy a poner posters de Terry Pratchett ni de los Monty Python en la cafetería. Por eso digo que el Sancta Sanctorum no tiene por qué ser solo un lugar, sino repartido. O no. Cada persona es un mundo, especialmente en el artisteo, así que, como diría Jordi, el niño-polla: déjate llevar.

Mi casa puede ser el lugar de recogerme con migo mismo, y tener las cosas que me recuerdan quién soy, y luego, con la inspiración y las ideas en la cabeza, irme a la cafetería de turno a escribir. Con la ayuda de la tecnología, todo es posible.

 

Imagen de portada: Dylan Pierpont – The Cartographer

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